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Fotografía

SIGLO XIX

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Las primeras fotografías, conocidas como heliografías, fueron hechas en 1827 por el físico francés Nicéphore Niépce. Alrededor de 1831 el pintor francés Louis Jacques Mandé Daguerre  realizó fotografías en planchas recubiertas con una capa sensible a la luz de yoduro de plata. Después de exponer la plancha durante varios minutos, Daguerre empleó vapores de mercurio para revelar la imagen fotográfica positiva. Estas fotos no llegaban a tener un tiempo largo de vida, gracias a que estas se ennegrecían y se perdía totalmente la imagen. En las primeras fotografías permanentes, conseguidas por Daguerre, la plancha de revelado se recubría con una disolución concentrada de sal común. Este proceso de fijado, descubierto por el inventor británico William Henry Fox Talbot, hacía que las partículas no expuestas de yoduro de plata resultaran insensibles a la luz, con lo que se evitaba el ennegrecimiento total de la plancha. Con el método de Daguerre se obtenía una imagen única en la plancha de plata por cada exposición. En 1837, Daguerre hizo una fotografía muy lograda. Esta asombrosa fotografía es rica en detalles, con su convincente realismo en su textura, su contorno y su volumen. Aun existe, formado y fichado, en la colección de la Sociaté Francaise de Photografeé en París, como el ejemplo más antiguo de lo que Daguerre pasó a llamar Daguerrotipo. Mientras perfeccionaba su sistema, Talbot desarrolló un procedimiento fotográfico que consistía en utilizar un papel negativo a partir del cual podía obtener un número ilimitado de copias. También, descubrió que el papel recubierto con yoduro de plata resultaba más sensible a la luz si antes de su exposición se sumergía en una disolución de nitrato de plata y ácido gálico, disolución que podía ser utilizada también para el revelado de papel, después de la exposición. Una vez finalizado el revelado, la imagen negativa se sumergía en tiosulfato sódico o hiposulfito sódico para hacerla permanente. El método de Talbot, llamado calotipo, requería exposiciones de unos 30 segundos para conseguir una imagen adecuada en el negativo. Tanto Daguerre como Talbot hicieron públicos sus métodos en 1839. En un plazo de tres años, el tiempo de exposición en ambos procedimientos quedó reducido a pocos segundos. Estos llegaron a ser métodos muy prácticos y reinaron supremos en todo el mundo durante casi dos décadas.

En el procedimiento del calotipo, la estructura granular de los negativos aparecía en la copia final. En 1847, el físico francés Claude Félix Abel Niépce de Saint-Victor concibió un método que utilizaba un negativo de plancha o placa de cristal. Ésta, recubierta con bromuro de potasio en suspensión de albúmina, se sumergía en una solución de nitrato de plata antes de su exposición. Los negativos de estas características daban una excelente definición de la imagen, aunque requerían largas exposiciones.



En 1851, el escultor y fotógrafo aficionado británico, Frederick Scott Archer, introdujo planchas de cristal húmedas al utilizar colodión en lugar de albúmina como material de recubrimiento para aglutinar los compuestos sensibles a la luz. Como estos negativos debían ser expuestos y revelados mientras estaban húmedos, los fotógrafos necesitaban un cuarto oscuro cercano para preparar las planchas antes de la exposición, y revelarlas inmediatamente después de ella. Los fotógrafos que trabajaban con el estadounidense Mathew B. Brady realizaron miles de fotos de los campos de batalla durante la guerra de la Independencia estadounidense y para ello utilizaron negativos de colodión húmedos y carromatos a modo de cámara oscura.


Puesto que el procedimiento del colodión húmedo estaba casi limitado a la fotografía profesional, varios investigadores trataron de perfeccionar un tipo de negativo que pudiera exponerse seco y que no necesitara ser revelado inmediatamente después de su exposición. El avance se debió al químico británico Joseph Wilson Swan, quien observó que el calor incrementaba la sensibilidad de la emulsión de bromuro de plata. Este proceso, que fue patentado en 1871, también secaba las planchas, lo que las hacía más manejables. En 1878 el fotógrafo británico Charles E. Bennett inventó una plancha seca recubierta con una emulsión de gelatina y de bromuro de plata, similar a las modernas. Al año siguiente, Swan patentó el papel seco de bromuro. Al perfeccionarse el proceso de colodición, un número en crecimiento de aficionados se interesa por la fotografía. Con ellos, apareció una visión más amplia de los temas artísticos que lo que podía el profesional común. Así, mucha gente encontró en la fotografía una vocación estimulante.


Hubo fotógrafos que encontraron inspiración en la pintura, así como también pintores que encontraron en la fotografía una aliada. Por ejemplo, Gustavo Courbet se basó en la fotografía de una modelo desnuda para su cuadro "El estudio del artístico", en 1849. Otros artistas utilizaron la fotografía con una mayor esclavitud, basando composiciones enteras en la imagen que les daba la cámara. En contraste con aquellos que procuraban rivalizar con el pintor utilizaban cámara y lentes, fueron centenares quienes usaron la fotografía, simple y directamente, como medio de registrar el mundo. En todo lugar, los fotógrafos estaban registrando la historia cuando se producía; la apariencia de sitios dejados, que a menudo no habían sido siquiera exploradores, con la gente que en ellos vivía, los paisajes familiares que los viajeros creían digno de ver y recordar; y también, los logros mas recientes de la arquitectura y de la ingeniería.


Surgieron, así, las fotografías topográficas y la estereografía. Lo primero se dedicaba a la representación  lateral y directa de los aspectos más característicos en sitios y cosas. Este estilo de fotografía puso de moda las tarjetas postales. Lo segundo eran las fotografías de distintos lugares vistos desde los aires. Este tipo de fotografía produce una sorprendente ilusión tridimensional cuando se observan con sus estereoscopios, revelando esa riqueza de detalles, que es esencial para la fotografía documental.


Es un hecho notable que, en toda su historia, la estereografía no haya atraído a los fotógrafos como medio de expresión artística. Su misma virtud de crear una asombrosa ilusión de profundidad, parecía acercarlo demasiado a la realidad. Pero si bien la estereografía no atrajo a aquellos cuyo objeto era la estética de las artes gráficas convencionales,  eran en cambio, una técnica ideal para registrar la información visual. Se trata de una imagen y no de un cuadro.

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Los estereotipos finales de la década de 1850 nos mostraron inicialmente, en lo que se llamó "vistas instantáneas", cómo darles fases de la acción, gracias al desplazamiento de animales y seres humanos. Los fotógrafos estaban aprendiendo a registrar hasta el movimiento más fugaz.


Mientras estos experimentos iban sucediendo para aumentar la eficacia de la fotografía en blanco y negro, se realizaron esfuerzos preliminares para conseguir imágenes de objetos en color natural. Para esto, lo que se utilizaban eran planchas recubiertas de emulsiones. En 1861, el físico británico James Clerk Maxwell obtuvo con éxito la primera fotografía a color mediante el procedimiento aditivo de color.

Alrededor de 1884, el inventor estadounidense George Eastman patentó una película que consistía en una larga tira de papel recubierta con una emulsión sensible. En 1889 realizó la primera película flexible y transparente en forma de tiras de nitrato de celulosa. El invento de la película en rollo marcó el final de la era fotográfica primitiva y el principio de un periodo durante el cual miles de fotógrafos aficionados se interesarían por el nuevo sistema. Con la llegada de las cámaras manuales y de las placas secas, a finales del siglo, y con el perfeccionamiento de los ampliadores y del papel para copias rápidas, se convirtió en práctica regular el sistema del Smith, que era elegir una porción del negativo para hacer la foto definitiva .

La cámara manual y portátil aparejo así un cambio en los métodos de trabajo. La cámara manual aumentó, asimismo, el alcance de la fotografía, ya que se amplió en cuanto a apreciación de temas y acceso a fotografiarlos. Al terminar el siglo, las innovaciones técnicas ampliaron todavía mas el campo de acción de la cámara, se diseñaron lentes que producían de precisión, pequeños y compactos.


 

 

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