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Fotografía

La fotografía a color

Los primeros intentos por reproducir automáticamente el color, mediante procedimientos fotográficos, fueron la búsqueda de una sustancia que, como el camaleón, pudiera asimilar el color que se arrojara sobre ella.

En 1850, Levi L. Hill, un pastor bautista y daguerrotipista profesional en Nueva York, Anunció en los periódicos que había conseguido fijar los colores naturales en las placas del daguerrotipo.

Los profesionales exigieron conocer la técnica. Estaban dispuestos a pagar bien el secreto, pero Hill les rechazó aduciendo que "cien mil dólares no comprarían mi descubrimiento" y agregando que publicaría sus resultados "cuando yo lo crea conveniente". Que Hill había obtenido algunos resultados es algo que no cabe duda; el testimonio de los daguerrotipistas- y en particular el de un artista y hombre de ciencia tan notable como Samuel F. B. Morse- es demasiado convincente para que se pueda rechazar.

La búsqueda de un medio directo y sensible al color siguió avanzando. En 1891, Gabriel Lippmann, profesor de Física en la Sorbonne , perfeccionó su proceso de interferencia, apoyado en el fenómeno de que una delgada película, como la que el aceite forma sobre el agua, refleja todos los colores del arco iris. Los resultados fueron sorprendentes. Lamentablemente, el proceso Lippmann no era una técnica práctica, y ha quedado obsoleto.

La solución práctica a la fotografía en color fue hallada por un camino indirecto. El físico inglés James Clero Maxwell realizó en 1861 un interesante experimento en la Royal Institution de Londres. Para probar que todo color puede ser recreado con la mezcla de rayos rojos, verdes y azules, en variables proporciones, proyectó tres transparencias de una cinta de tartán sobre una pantalla. Frente a cada proyector se había colocado una placa de cristal coloreada: una roja, una azul y una verde. Cada transparencia había sido realizada sobre un negativo que Thomas Sutton hizo a través de idénticas placas de cristal o filtros; cada una era teóricamente un registro de los rayos rojos, azules y verdes reflejados por la cinta. El resultado fue una fotografía en color, tosca, pero profética del futuro.

Como Maxwell había hecho la adición de rayos rojo, verde y azul, esa técnica fue denominada aditiva. Es importante recordar que esta teoría sirve solo para la luz coloreada; la mezcla de pigmentos es ya otro asunto. Tales métodos han cedido su paso a técnicas basadas en la teoría sustractiva.

Las transparencias copiadas a partir de los negativos realizados filtros rojos, azules y verdes, si son coloreados con los respectivos colores complementarios habrán de superponerse en su registro, y si se les mira al trasluz, reproducirán todos los colores naturales de la escena que tomó la cámara del fotógrafo.Por una de las más curiosas coincidencias en la historia de la fotografía esta técnica sustractiva fue anunciada en 1869 por dos franceses, Louis Ducos de Hauron y Charles Cross.

El mayor avance en la historia de la fotografía en color se produjo con el perfeccionamiento de una película recubierta por tres capas de emulsión, que podía ser utilizada por cualquier cámara y que requería una sola exposición para cada foto. Los mayores usuarios de la película en color son los aficionados: actualmente casi todas las instantáneas son en color. Para el fotógrafo comercial, el color ha sido indispensable, durante mucho tiempo, a fin de cumplir las exigencias de los anunciantes. Las revistas están utilizando cada vez más color para su material propio. Los periódicos están superando las enormes dificultades técnicas de imprimir color sobre papel de diario gracias a las rotativas de alta velocidad. Y actualmente un número cada vez mayor de fotógrafos creativos ha llegado a elegir el color como medio de expresión personal, prefiriéndolo sobre otros medios.

El fotógrafo en color se ve enfrentando a muchos problemas estéticos. El colorante no reproduce el color como lo hace la cámara. ¿Debe el fotógrafo elegir el enfoque naturalista y, como lo hiciera Emerson con el blanco y negro, limitarse a producir lo que ve el ojo? ¿O debe seguir la iniciativa de la cámara, explorando sus posibilidades y respetando sus límites? Parece que existen colores que solo se consiguen en las fotografías; la película Kodachrome, por ejemplo, rinde un azul de una riqueza y una profundidad que permiten aprovecharlo validamente por si mismo, sin intentar un realismo. Con color se ha experimentado en cualquier campo; prácticamente todos los fotógrafos han trabajado con las nuevas técnicas y exploran al máximo las posibilidades estéticas.

El problema estético consiste en definir qué es esencialmente fotográfico dentro de la fotografía en color; aprender lo que hay de singular en el proceso y utilizarlo para obtener fotos que no podrían ser obtenidas de otra manera. El problema fue claramente establecido por Edward Weston. Él llegó al color en un momento tardío de su carrera, y produjo con él una cantidad relativamente pequeña de obra. Su foto Waterfront (muelle), de 1946 incorpora su teoría estética del color como forma. Sumamente criticada como ostentosa cuando fue inicialmente publicada, esa foto apunta a los estilos actuales dentro de la fotografía en color.

Desde 1945 se han producido grandes progresos en la tecnología fotográfica. Se ha aumentado la sensibilidad de la película; se han simplificado los problemas del tiempo de exposición con fotómetros eléctricos que no solo miden la luz, sino que, cuando son incorporados a la cámara misma, pueden fijar automáticamente los tiempos del obturador y la abertura de los lentes. La contribución más innovadora fue la invención por Edwin H. Land, en 1947, del proceso Polaroid, que utiliza una cámara de diseño especial para producir la copia terminada en cuestión de segundos. Estas mejoras técnicas se basan en un ya centenario sistema de haluros de plata y gelatina.

Aunque se han producido pocos cambios en los métodos de trabajo del fotógrafo creativo, se han producido otros importantes en la actitud que se tiene frente a la fotografía como forma artística. Para algunos, la cámara es un medio de auto expresión, con lo que se descarga sobre el observador la responsabilidad de interpretar el sentido deseado pero oculto de una foto. Para otros, los principios de la fotografía directa, que se basan en las limitaciones técnicas del proceso, resultan restrictivos e intolerables.

Las fotografías han sido combinadas con la palabra impresa no como ilustraciones literales, sino para su mutuo refuerzo, con lo que pueden leerse nuevos sentidos en ambas.

Para Aaron Siskind, el desafío de la fotografía directa está en la transformación de la temática cotidiana en composiciones abstractas y autónomas. Expresa la belleza de la superficie exterior y obvia, que aísla para nuestra contemplación. Son cada día más las personas que se vuelven hacia la fotografía como un medio de expresión y también de comunicación. Continúa el fermento de enfoques estéticos. Aunque sería apresurado definir las características del estilo fotográfico actual, parece estar en ascenso un común denominador, que está arraigado en la tradición. El desafío actual para el fotógrafo es expresar un significado interno mediante una forma exterior.